Debate contra el eclecticismo anarquista

Introducción

Confiemos, pues, en el espíritu eterno que sólo destroza y sólo aniquila porque él es el origen de la eterna creación y de toda la vida. La voluptuosidad de destrucción es, al mismo tiempo, una voluptuosidad creadora.

Miguel Bakunin

El debate que venimos a plantear en este documento es, desde el punto de vista negativo, una crítica al Fórum do Anarquismo Organizado (FAO) de Brasil, una crítica extensiva a todo el campo de lo que llamamos el “eclecticismo” dentro del anarquismo. Es también, y ahora sí desde lo positivo, una defensa del bakuninismo principista, tendencia que integramos, al igual que la UNIPA cuyo documento Anarquismo e Ecletismo, em geral e particularmente no Brasil fue el detonante del debate.

Nuestra participación en esta polémica se fundamenta en la necesidad que tenemos los revolucionarios de reivindicar nuestra tendencia y revitalizarla, pues se encuentra debilitada en este momento tras 150 años de decadencia. Es así que recientemente hemos salido a la lucha nuevamente, y nuestra voz se vuelve a oír reclamando el lugar que nos corresponde dentro del movimiento revolucionario y anarquista, es decir, a la cabeza.

Esto ha generado lógicamente controversias dentro de nuestro campo de militancia, y no ha faltado quien nos haya criticado injustamente de trotskistas o marxistas encubiertos por no renegar completamente de todas las palabras que alguna vez haya utilizado Marx. ¡Pero eso sería dejarles todo servido en bandeja! No nos extraña que por actitudes como estas todas las revoluciones del s. XX hayan estado dirigidas por el marxismo y no por el anarquismo.

El anarquismo ha gastado en los últimos años demasiada pólvora disparando contra el marxismo, descuidando los verdaderos enemigos, la Clase Burguesa y el Capitalismo. Nuestro rol es también ese, el de recordar a la Clase y a los revolucionarios contra qué estamos peleando, dispersando en el proceso las brumas de la pretendida “Globalización” que contribuyen a hacer más difusa la percepción de la contradicción fundamental, aquella (que de ninguna manera se encuentra saldada ni superada) entre el capital y el trabajo.

Pues bien, en nuestra tarea necesariamente vamos a chocar con las corrientes que actualmente activan dentro del anarquismo, principalmente con el eclecticismo, representado en Brasil por organizaciones o colectivos como el FAO, la FAG y la OSL, y en Argentina por la Red Libertaria y la OSL[1]. Desde una perspectiva materialista celebramos y esperamos con ansias este “enfrentamiento”, pues de él el anarquismo revolucionario y la Clase Obrera surgirán fortalecidos, esto es a lo que aspiramos.

Por tal motivo, entendemos el debate establecido entre el FAO y la UNIPA en Brasil como patrimonio nuestro también, y lo hacemos extensible a todo el anarquismo y todo el campo revolucionario internacional. La polémica queda inaugurada y más allá de la repugnancia que nos causan las malas jugadas que nos preparan los compañeros[2] (óiganlo bien, los llamamos compañeros), instamos a los eclécticos (hay que ver si aceptan que los llamemos así) a recoger el guante y demostrar que están a la altura del debate que les proponemos.

Por nuestra parte, aquí entregamos nuestra contribución al debate de líneas, la crítica al FAO (y por extensión al resto del campo ecléctico). Pero antes de seguir adelante aclaremos qué es lo que entendemos por crítica, esa palabra tantas veces rehuida por nuestros compañeros idealistas en busca de una teoría trascendente que no “choque” sino que siga un camino siempre ascendente de acumulación que lleve directamente a la revolución en un viaje sin paradas (es decir, sin contratiempos que detengan nuestra marcha como pueden ser el debate, la discusión teórica y demás prácticas perversas y contrarrevolucionarias).

Si decimos tan solo “crítica” y no “crítica constructiva”, es porque lo consideramos una tautología. Ya Immanuel Kant[3] llamaba la atención hace 200 años sobre el verdadero significado de la palabra crítica, esto es ni más ni menos que: conocimiento. Los eclécticos renuncian al arma de la crítica, nosotros por el contrario la empuñamos ya que no desconocemos el doble filo que posee: por un lado cortar, trozar al objeto de la crítica, destruirlo. Por otro lado, construir una alternativa a lo que estamos criticando. Destruir para construir, según el postulado de nuestro compañero internacionalista Miguel Bakunin que inaugura esta Introducción.

Entonces, nuestra crítica está al servicio de la construcción, de la reconstrucción de nuestros postulados históricos internacionalistas, del fomento de la solidaridad revolucionaria internacionalista que llevará a la fundación de una Liga Internacional del Anarquismo Revolucionario.

Ya planteado esto, no queda más que dar paso a la lectura de nuestro aporte, en apoyo de la UNIPA, a la crítica del FAO.

Noviembre, 2007

Comité de Enlace Internacional

Comité por la Construcción de una

Organización Revolucionaria Anarquista (Argentina)


El Eclecticismo: Ultima Madriguera del Idealismo

El FAO interpreta, equívoca o maliciosamente, que la caracterización de eclecticista con la que lo describe la UNIPA está motivada solamente en el hecho que su construcción teórica no está basada en un solo autor, pero este no es el eje de dicha crítica sino el hecho de que hacen una síntesis/equilibrio de las distintas corrientes de la escuela de militancia anarquista…

Para lograr esta síntesis se llama a “La construcción de referentes teóricos coherentes y la acumulación de experiencia práctica (que) es lo que va a permitir un análisis de la realidad en diferentes niveles que habilite el establecimiento de un programa socialista libertario para los días de hoy.”

Sobre el “programa libertario para los días de hoy” hablaremos luego pero lo que en primer término nos intriga es esto de la “construcción de referentes teóricos coherentes” pues más adelante, en el texto de los compañeros, hemos leído que acusan a la UNIPA de “reinventar” a Bakunin… veamos: “la interpretación de la UNIPA de lo que sería Teoría e Ideología, es la base del enyesamiento de Bakunin hecha por la misma (…) por considerar prácticamente toda la obra de Bakunin como ideología pura e inmutable (…) lo que constituye una lectura que se presta a artificios discursivos e históricos para afirmar un Bakunin que en realidad es construido por la UNIPA.”

Por ende… ¿Se reivindica la “construcción de referentes teóricos” pero se denuncia a la UNIPA por haber “construido” uno? ¿Será un problema judicial, por plagio de patentes? En realidad el problema es que la UNIPA no pretende “construir o reconstruir a Bakunin” en una especie de reivindicación de Frankestein o una apología de la clonación humana (la oveja Dolly de por medio).

El FAO debate consigo mismo, pues lo que la UNIPA y los Bakuninistas reivindicamos es la referencia programático/revolucionaria de nuestro referente y no al mismo, por sí mismo. Conceptos como éste o el de “teoría pura e inmutable”, son propios del Eclecticismo y no del Bakuninismo, como veremos más tarde.

Por el contrario, esta interpretación acomodaticia de los “referentes teóricos que se CONSTRUYEN” resulta en una justificación del carácter eclecticista del FAO señalado por la UNIPA pues, a lo sumo, lo que se construye o desarrolla es la referencia, pero no al referente, que se ha convertido en tal por la defensa y desarrollo de una línea política cualquiera ganándose la denominación.[4]

Al FAO esta simplificación, esta confusión entre referente y referencia, entre ser y espíritu, lo lleva a no tomar partido y a intentar lograr (mal) un “rescate democrático” de la pluralidad de referentes y por supuesto de referencias dentro del campo abstracto –compuesto en realidad por una gran variedad de líneas y tendencias- del “anarquismo”.

“Debemos reivindicar dentro del anarquismo (como vertiente del pensamiento socialista) todos los referentes históricos y todas las prácticas políticas, de corte clasista y revolucionario” nos dirá el FAO en defensa suya y también –implícitamente- en la del eclecticismo, por que esta defensa del mal menor niega o disminuye las diferencias cualitativas entre cada uno de estos referentes y referencias señalando el camino de la síntesis/equilibrio en vez del de la contradicción/superación.

El FAO, hambriento de teoría, apetece un menjunje de autores y corrientes entre las cuales reivindica indistintamente al especifismo y al anarco sindicalismo, a Makhno y los plataformistas o a Malatesta, a todo lo cual adereza con un pragmatismo insípido en el cual la experiencia revolucionaria en Rusia o la de la Guerra Civil en España se reduce a una conmemoración nostálgica de los “años dorados” del anarquismo.[5]

El eclecticismo del FAO, lo lleva a intentar darle “coherencia” a una articulación de referentes que sólo por la fuerza del epíteto pueden ser identificados y lo pone en posición de inventar sus nexos y ahogar sus diferencias, con lo que matan la dinámica ideológico/teórica del anarquismo y lo embalsaman. Nosotros en cambio, en coincidencia con la UNIPA, consideramos que sólo las referencias coherentes –con la realidad histórica y las luchas de nuestra Clase- deben ser reivindicadas y desarrolladas en oposición a las demás pues no son los referentes los importantes (pues han muerto y no pueden leernos ni debatirnos) sino las referencias (que son lo que de ellos ha quedado).

Se dice en el texto que nuestros hermanos de la UNIPA “se consideran inmunes a las críticas, pues juzgan haber resuelto los problemas de la construcción teórica” pero esta acusación -pues ya se convierte en eso- no resiste examen pues su reivindicación del bakunianismo está fundada en la misma autocrítica que los llevó a romper con el eclecticismo del FAO. Por otro lado, se puede estar en desacuerdo con las críticas de la UNIPA (con los elementos constitutivos de las mismas), pero considerarlas mesiánicas y autoproclamatorias simplemente por el hecho de presentarse (¡y de manera pública, para desarrollar la saludable polémica!), eso sí que es ser mesiánico y autoproclamatorio (aunque el FAO abunde en adjetivos de falsa humildad, pluralistas y abstractos).

Por otro lado lo que los compañeros de la UNIPA dicen haber resuelto, junto al conjunto de los bakunianistas, es lo concerniente al método, que es el medio para desarrollar la construcción teórica.

Lo que la UNIPA ha hecho es reivindicar una referencia, y esto es lo que aquí denominamos nosotros también bakunianismo, o si se quiere ser más específico: bakunianismo principista.

Los compañeros que nos encontramos en la construcción del bakunianismo principista a nivel internacional no hacemos una defensa del referente sino en función de su referencia, esto no implica como acusaran los compañeros del FAO que “sacralicemos” a Bakunin sino que defendamos y desarrollemos los principios de su referencia ideológica.

El FAO (hablando en términos psicológicos) proyecta permanente en sus acusaciones a la UNIPA sus propias limitaciones…

Se acusa a la UNIPA de “enyesar” a Bakunin, pero al separar ideología (anarquismo en abstracto) de teoría (tendencia específica) lo que el FAO se está proponiendo es la momificación de los referentes y declarar muerta a la ideología, haciendo de la “teoría” una categoría flexible y reciclable en función de re-explicar esquemáticamente cada momento histórico.

En este punto pareciera convertirse su respuesta a la UNIPA en una acusación de carácter religioso, pues se le censura de anti-democrática por “monoteísta” con una defensa “politeísta” de los profetas/referentes del anarquismo, a quienes se reivindica no por la corrección y certeza de sus aportes al cuerpo ideológico del anarquismo sino por su misma trascendencia en vida. No solo se increpa a la UNIPA por inventar a un Bakunin a-histórico, lo cual jamás ha hecho, sino que se llama a “construir” (¿inventar?) referentes “coherentes” que puedan aportar en cada situación a un anarquismo que no toma forma y no tiene contenido.

¿Quiénes le arrebatan su carácter histórico al referente: Los que lo reivindican por sus aportes en la teoría y la estrategia militante del anarquismo o aquellos que los ensalzan simplemente por existir? Planteado en los términos del FAO este es un debate que nunca tendrá resolución entre nuestras tendencias, pues nosotros no hacemos fetiche –como sí lo hace el FAO- de ningún referente sino que criticamos y asumimos como correctos o incorrectos los principios que elaboraron y defendieron para desarrollarlos o negarlos.

La no distinción entre referente (Bakunin) y referencia (Bakunianismo) o entre dogma y doctrina es proporcional en este punto a la confusión que tiene el FAO entre ideología y teoría.

Teoría VS. Ideología: La Negación del Materialismo Histórico

“Ya resulta poco común que una agrupación anarquista titule un documento con referencias al “enfrentamiento abierto de clases”, pero la cosa no queda allí, pues más adelante el lector se encuentra con expresiones de ortodoxia marxista y hasta leninista. Así, se dice que el texto es el resultado de un “análisis materialista de la historia”

Con esa afirmación categórica fundamenta el grupo editor de El Libertario de Venezuela una crítica titulada rebatiendo a la O.R.A. (anarquistas revolucionarios de la Argentina).

Reivindicamos la apreciación histórica de los compañeros al tildar de “poco común” la línea de quienes no coincidimos con la negación que se ha naturalizado entre los anarquistas del contenido y el desarrollo de la línea redactada y defendida por Bakunin, aunque consideramos que los compañeros pecan de ignorancia o malversación de sus contenidos al tildar dichas referencias como de “ortodoxia marxista y hasta leninista”. ¿Pecaría Bakunin de ortodoxia “marxista y hasta leninista”; incluso habiendo combatido al marxismo en vida y siendo varias décadas anterior al leninismo? Sólo la metafísica podría avalarlo…

Bakunin, efectivamente, defendía el método materialista de estudiar la historia, lo concebía de manera dialéctica y basaba su teoría revolucionaria en la concepción de la lucha de Clases (que no es un invento ideológico sino una expresión histórica de la sociedad)…

En cita de un documento de la FAU histórica, el FAO sostiene que “El trabajo teórico es siempre un trabajo que se sustenta y se basa en los procesos reales, en lo que sucede en la realidad histórica, en lo que pasa (…) La ideología, en cambio, consta de elementos de naturaleza no científica, que contribuyen a dinamizar la acción motivándola en base a circunstancia que (aunque tienen que ver con las condiciones objetivas) no derivan en sentido estricto de ellas (…) la teoría precisa, circunstancia, las condiciones de acción política, la ideología la motiva, la impulsa, configurándola en sus metas ideales y su estilo.”

Desde esta perspectiva, entonces, la ideología es supra-histórica y en algún grado irracional… la teoría es lo que la provee de racionalidad, pues se desarrolla en un “tiempo específico”.

Pero esto es lo mismo que decir que una cosa es la semilla y otra que nada tiene que ver con ella es el árbol, cuando en realidad el último es un resultado de la primera. Es lo mismo que sostener que la idea llega al mundo antes que la materia, pues la ideología –que no suscribe a ningún “tiempo específico” sino que sería “anacrónica”- es común a todo el “anarquismo”, en toda su historia, pero no la teoría que surge en cada nueva coyuntura histórica… Citando específicamente: si la teoría resulta de la “realidad histórica” y está en oposición a la ideología, ésta última sería el resultado de la “irrealidad histórica” (¡¿?!).

Nuevamente campean las desviaciones plural/eclecticistas y se impone a la ideología, comprendida de forma materialista, la mística militante y la “construcción de referentes coherentes” para “motivarnos” –suponemos que con su ejemplo-.

Esta posición nos recuerda a cómo, de forma poco feliz, algunas tendencias del anarquismo idealista buscaron sus raíces en la antigua Grecia (en autores como Zenón[6]) por medio de la imposición del anti-estatismo al anti-capitalismo, del desplazamiento del segundo por el primero, lo que los ha llevado invariablemente a posiciones reaccionarias y anti-obreras.

Citaremos a Bakunin para reforzar la idea: “Indicamos con la palabra material todo cuanto acontece en el mundo real, dentro y fuera del hombre, y aplicamos la palabra ideal exclusivamente a los productos de la actividad cerebral del hombre; pero puesto que nuestro cerebro es por entero una organización de orden material, y su función es también material, como la acción de todas las demás cosas, se deduce de ello que lo que llamamos materia o mundo material no excluye en modo alguno, sino que incluye necesariamente también al mundo ideal”.

(Un miembro de la Internacional contesta a Mazzini)

Descartamos nosotros pues, la falta de relación -o su carácter relativo- de la idea con la materia u objetividad, aunque sí los consideramos en relación de contradicción dialéctica y no por un reflejo considerado esquemáticamente.

Que nuestra finalidad revolucionaria no sea un reflejo inmediato de la coyuntura económica/política o de la relación de fuerzas entre las Clases no implica en ningún momento que no se encuentre en sintonía (acertada o equívocamente por sus consideraciones) con las relaciones sociales que le dieron lugar como ideología, no implica bajo ningún punto de vista que sea ajena a las relaciones sociales vigentes, ¡Tampoco que corresponda a la “irrealidad histórica”! y no da lugar en ningún momento a la imposición del espíritu a la materia.

La ideología se constituye como tal cuando se transforma en una cosmovisión teórica. Oponer ideología y teoría de la manera que el FAO o la FAU lo hacen elimina su relación dinámica (dialéctica) convirtiéndolas en elementos extraños entre sí o no necesariamente relacionados: Así, los compañeros dejan de comprender también las relaciones más básicas de la biología o cualquier otra ciencia, lo que lo constituye en un problema de método que ninguna especulación sobre la capacidad idealista de la humanidad –ningún Weber[7] a la enésima potencia- puede superar.

No somos nosotros quienes damos una cierta cuota de legitimidad o “coherencia” a las referencias por sus referentes, por ende no aceptaremos –lo advertimos- ninguna analogía acusatoria con el mecanicismo idealista de Kropotkin; sin embargo asumimos la necesaria identidad –bajo el período capitalista- de las corrientes filosóficas, científicas e ideológicas con las luchas y necesidades de las Clases, pues consideramos que la ideología tiene un lugar histórico y es directamente dependiente de las condiciones objetivas en las que se desarrolla (lo cuál no es un acto de reflejo esquemático, lo repetimos, sino dialéctico).

Quien no puede explicar las leyes básicas del desarrollo de la materia no puede explicar las leyes de ésta en su relación con la idea, y esto nos basta para afirmar que se equivocan en el momento de abordar el estudio de lo social.

Esta confusión coloca a la ideología en el campo de la irrealidad y a la teoría en el de la realidad, ¿Pero no se compone acaso la ideología de un conjunto de teorías?

Aquí detona la peligrosidad que implica considerar la teoría como de naturaleza “científica”, pues las ciencias implican un conjunto de teorías y si se quiere una ideología rectora (un método filosófico establecido).

Las corrientes religiosas todas, por ejemplo, en su principio y en su finalidad son de naturaleza “no científica”, sin embargo implican teorías y se constituyen como una ideología en la medida que implican un conjunto de premisas que pretenden explicar los problemas del conocimiento (la contradicción entre el ser y el pensar) y orientar la práctica colectiva.

Que la ideología y las teorías que la componen sean anteriores a la ciencia, las pone a las primeras como parteras de ésta última e invierte los postulados del eclecticismo. En palabras de Bakunin podemos explicarnos de la siguiente forma:

“Los primeros pensadores fueron necesariamente teólogos y metafísicos, pues la mente humana está constituida de tal manera que siempre debe comenzar con un gran margen de sinsentido, falsedad y errores para conseguir llegar a una pequeña porción de verdad. Todo lo cual no habla a favor de las tradiciones sagradas del pasado. Los primeros pensadores, digo, tomaron la suma de todos los seres reales conocidos por ellos, incluidos ellos mismos, la suma de todo cuanto les parecía representar la fuerza, el movimiento, la vida y la inteligencia, y lo llamaron `espíritu`. A todo lo demás de que su mente lo hubiera abstraído inconscientemente del mundo real, lo llamaron `materia`…”

(Un Miembro de la Internacional contesta a Manzzini).

“Puesto que en el desarrollo histórico del intelecto humano la ciencia siempre viene después de la teología y la metafísica, el hombre llega a este estadio científico ya preparado, y en gran medida corrompido, por un tipo específico de pensamiento abstracto. Arrastra muchas ideas abstractas construidas por la teología tanto como por la metafísica, ideas que por una parte eran objeto de una fe ciega, y que por otra eran objeto de especulaciones trascendentales y juegos de palabras más o menos ingeniosos, explicaciones y pruebas de un tipo que no prueba ni explica nada –porque están más allá de la esfera del experimento concreto, y porque la metafísica no tiene más garantía de los objetos sobre los que razona que las afirmaciones o dictados categóricos de la teología-…

…El hombre, que al principio es teólogo y metafísico, y luego se cansa de ambas cosas debido a su esterilidad teórica y sus perniciosos resultados en la práctica, arrastra como cosa natural todas esas ideas a la ciencia. Pero no las introduce en calidad de principios fijos a utilizar como puntos de partida, sino como cuestiones que deben ser resultas por la ciencia. Llegó a la ciencia porque comenzó a dudar de esas ideas. Y duda de esas ideas porque su larga experiencia en la teología y la metafísica, donde se engendraron, le demostró que ninguna le proporcionaba certeza alguna sobre la realidad de sus creaciones. Y lo que pone en duda y rehecha en primer lugar, no es tanto esas creaciones e ideas como los métodos, medios y caminos mediante los cuales fueron creadas por la teología y la metafísica…

…Por eso, emergiendo de la teología y la metafísica, el hombre busca ante todo un método verdaderamente científico que le proporcione una completa certeza sobre la realidad de las cosas acerca de las cuales razona.”

(Consideraciones Filosóficas)

Pero sabemos que el que encaramos es un debate entre distintas escuelas “filosóficas”, si se quiere, pues el FAO no sólo realza la revisión idealista del lugar cumplido por la ideología hecha por la FAU sino que lo condimenta agregando que: “La ideología nos da motivación, elementos de propaganda y doctrina”.

¡Qué ensalada! El FAO ha servido la mesa con todo un acompañamiento suculento para su plato principal: el idealismo en carne viva.

No podemos dejar de contemplar, pasmados, la manera como se equipara “motivación, propaganda y doctrina”. La motivación pues, no surge de la correlación entre la práctica y la teoría sino que constituye un resultado “irracional” y “supra-histórico” de la ideología; la propaganda, hermana de la primera, se compone de elementos “irracionales” para orientar una práctica no menos “irracional” y por último la doctrina, hermana… ¿mayor? de las dos primeras, constituiría una suerte de habladurías igualmente “irracionales” no estrictamente derivadas de las condiciones objetivas, pero que nos orientará –o desorientará más bien- con respecto a la práctica militante y revolucionaria.

Ahora bien, la teoría tomada en abstracto y como un todo es la ideología misma y no sólo un “estilo, una motivación o un conjunto de aspiraciones” como la califican la FAU (en Huerta Grande) y el FAO.

Lo que los compañeros no desarrollan y no pueden comprender es el carácter dinámico y multi-facético de la ideología como un conjunto de teorías, por esto, y como denuncian los compañeros de UNIPA, el FAO estaría dispuesto en cualquier coyuntura histórica a renunciar a la ideología en función de “la teoría”, pues no es tomada en su multilaterialidad sino de manera unilineal.

La gran diferencia entre la una y la otra corresponde en realidad a la diferencia entre cantidad y calidad y no a los parámetros de lo real o lo irreal pues ambas, teoría e ideología, corresponden al mundo de la idea y éste en su conjunto al de lo material: Lo irreal, por ende, no es el principio u origen que determina una ideología, sino su final o conclusión pues cumple siempre un rol mediatizado entre lo que es nuestra interpretación, y lo que se busca ser pero aún no se es, nuestra finalidad.

La historia, sin embargo, implica la coexistencia de ideologías conservadoras o reaccionarias y de ideologías progresistas o revolucionarias. ¿En qué estriba su diferencia? En su perspectiva social o de Clase.

Hay infinidad de teorías circulando por el mundo social pero esto no implica, como consideraría el FAO, que todas ellas sean científicas o que constituyan ideologías por el mero hecho de no ser contrastables científicamente.

La ciencia tampoco está exenta de subjetividad pues es un resultado del pensamiento particular y de las corrientes generales del pensamiento en la humanidad, todas las cuáles tienen un origen y razones históricas.

El iluminismo y la razón trascendental como justificaciones de la Revolución burguesa, la Restauración como justificación de la reacción aristocrático/feudal o el positivismo como justificación de la auto-defensa de la burguesía en su posición social dominante, son todas corrientes del pensamiento (escuelas filosóficas) que han penetrado y condicionado el desarrollo de las ciencias y las ideologías. Todas ellas se fundaron sobre la base de un conjunto de premisas teóricas que le proporcionaron por un lado la coyuntura o etapa histórica y por el otro y principalmente sobre la base social en la cuál se apoyaron o sobre la cuál se erigieron.

La teoría darwiniana –evolucionista- de la selección natural y la adaptación del más fuerte fueron posteriormente negadas y superadas en su gran mayoría por la biología e incluso por la antropología, pero cumplió un papel excepcional para sepultar a las corrientes teológicas que defendían la teoría del creacionismo: He ahí su gran aporte a la historia de las ciencias.

¿Podemos afirmar que en sus trabajos (El Origen del Hombre o el Origen de las Especies, particularmente) faltaban criterios científicos? Esto sería declararnos unos obtusos plenos y unos descarados. Pero lo cierto es que constituyeron un eslabón en el encadenamiento ascendente y progresivo de las ciencias, que fueron posteriores y debieron negar en su historia a la filosofía pura o la religión (que constituyeron, incluso antes del nacimiento de las ciencias, cuerpos teóricos compuestos o ideologías).

Las ideologías tienen un rol social o de Clase y un lugar histórico. Considerar que la teoría tiene un carácter histórico (social) y científico pero negárselo a la ideología, es considerar que la refutación de la teoría creacionista, por más que haya sido profundamente sepultada por el surgimiento y avance de las ciencias, y teniendo en cuenta la importancia que reviste para el conjunto de las religiones teístas y el deísmo[8], por el mero hecho de haberse constituido en teoría, no implica la bancarrota teórico/ideológica de la religión; le concede a ésta última un plus de certidumbre, pues no la considera –como ideología- implicada en la dicotomía de lo social (revolución/contrarrevolución), como elemento reaccionario al servicio –en la actualidad- de la Burguesía y los explotadores sino sólo en parte, pues se eleva al grado de supra-histórica y por ello mismo supra-humana (¿celestial?).

Más allá de la certeza de toda teoría. Esta no nos parece una forma correcta de explicar los porqués de la vigencia del irracional religioso y consideramos plenamente que la respuesta a éste problema debe buscarse y sólo se hallará inmiscuyéndonos en los problemas de lo material y objetivo de la sociedad.

La ideología, doctrina o “teoría general” también debe ser contrastada permanentemente, por medio de las teorías o premisas secundarias que la explican, de manera científica. Esto es lo que constituye la comprobación permanente de sus afirmaciones y nos habilitan para la crítica y la autocrítica.

Lo que los compañeros del FAO abandonan en el lodo es la necesidad del método y esto constituye un aspecto esencial de la pesada mochila eclecticista que cargan a cuestas. Por eso, cuando denuncian con saña el que la UNIPA considere superados los problemas de la “teoría”, la acusan de: “obstinada (pues) por la promesa de que a partir de la ideología se resolvería todo lo restante, trabajó para `salir del apuro` rápidamente”.

El eclecticismo confunde método filosófico con ideología. La ideología, como dijimos, se constituye de teorías pero también por un método que es el que articula todas sus premisas y le da una coherencia de cosmovisión: de ideología. ¡Eso es lo que ha “desempolvado” la UNIPA en función de sistematizar su construcción teórico/ideológica! Y en el rabioso afán por demostrar los “errores” de los compañeros, el FAO evidencia su total desorientación, lanzando al mundo esa original y poco feliz relación metafísica que ha establecido –idílicamente- entre teoría e ideología.

No hay, pues, ideología o teoría general que no se sustente sobre un conjunto de premisas o teorías secundarias y sobre un método que explique su relación. La primera o su carácter general, sólo puede ser refutada si se considera que la negación de un conjunto de sus premisas secundarias la dilapida (todo lo cuál implica un método). De otra forma y como recrea la contradicción entre las mismas el FAO, la ideología está más allá de toda autocrítica pues es algo distinto –no necesariamente resultante- de “la teoría” o si se quiere ser más explicito y correcto: de las teorías que la componen.

Con esta confusión, los compañeros le dan al anarquismo un rol supra-histórico como moral y motivación que subyace al capitalismo e incluso sobreviviría a él…

Los compañeros del FAO confunden, por otro lado, teoría con táctica e ideología con estrategia; por ejemplo: comprenden la destrucción del Estado como un “elemento ideológico constitutivo del anarquismo” cuando en verdad no constituye otra cosa que su estrategia política para la destrucción del capitalismo en general y de la burguesía en particular.

Si tomáramos la propuesta del eclecticismo como cierta, el anarquismo superaría como tal las fronteras históricas del capitalismo y abandonaría la categoría de ideología revolucionaria anticapitalista del proletariado para convertirse en una negación ideológica del desarrollo humano y evidentemente también del materialismo histórico con que lo concebimos y comprendemos…

En contradicción con esta perspectiva del FAO, Bakunin concebirá el surgimiento de las Clases y su ideología, lo mismo que del Estado y sus instituciones de manera materialista histórica, reconociendo por medio de su necesidad el papel específico que cumplieron en el desenvolvimiento histórico de la humanidad.

Así encaró el compañero la contradicción existente entre superestructura ideológica e instituciones:

“…no vacilo en decir que el Estado es un mal, pero un mal históricamente necesario, tan necesario en el pasado como será necesaria antes o después su completa extinción, tan necesario como lo fueron la bestialidad primitiva y las divagaciones teológicas del pasado. El Estado no es la sociedad; es sólo una de sus formas históricas, tan brutal como abstracta en su carácter. Históricamente surgió en todos los países sobre las nupcias de la violencia, la rapiña y el pillaje –en una palabra, de la guerra y la conquista- con todos los dioses creados en serie por las fantasías teológicas de las naciones.”

“Podemos concebir con claridad el desarrollo gradual del mundo material, lo mismo que el de la vida orgánica y el de la inteligencia históricamente progresiva del hombre, considerado individual o socialmente. Es un movimiento completamente natural, desde lo simple a lo complejo, desde lo más bajo a lo más alto, desde lo inferior a lo superior; un movimiento acorde también, en consecuencia, con nuestra lógica natural y las leyes precisas de nuestra mente, que al haberse formado y desarrollado con la ayuda de esas mismas experiencias, son, por así decirlo, sólo su reproducción mental, cerebral, o su recapitulación en el pensamiento.”

(El Imperio Látigo Germánico)

Como vemos, lejos se está en esta cita de toda ratificación de la ideología o moral trascendental que predica el eclecticismo y que se encuentra emparentada con el iluminismo[9] más que con el Socialismo Revolucionario. Bakunin reconoce claramente el carácter dialéctico en la historia de la estructura y la superestructura social, identificando la ideología –en cada período histórico- con el desarrollo la estructura social.

El Estado al cual combatimos los anarquistas revolucionarios es el burgués. No por casualidad las ideologías socialistas revolucionarias surgieron recién a mediados del S. XIX y no con el Estado Absolutista, las poleis griegas o cualquier otra forma estatal en que se haya manifestado el progreso humano hacia la paulatina concentración y socialización de los medios de producción. Esto tiene que ver con la ley dialéctica de la transformación de cantidad en calidad, en el sentido en que una institución otrora funcional al desarrollo de los medios de producción y la sociedad se transformó más tarde en su obstáculo. El elemento constitutivo del anarquismo revolucionario, más bien, fue la Clase Obrera y sus luchas, que coincidieron –en su génesis- con la explotación burguesa y la opresión de su Estado.[10]

Veamos ahora como entiende esto el Gran Revolucionario Internacionalista en la contradicción entre estructura y superestructura:

“Las clases educadas, la nobleza, la burguesía –que en un tiempo florecieron y estuvieron a la cabeza de una civilización viva y progresiva en Europa- se han hundido actualmente en el sopor vulgarizándose, haciéndose obesas y cobardes hasta el extremo de representar únicamente los atributos más despreciables y viles de la naturaleza humana…”

“… Como organismo político y social, tras haber rendido descollantes servicios a la civilización del mundo moderno, esta clase está condenada actualmente a muerte por la propia historia. Morir es el único servicio que todavía puede hacer a la humanidad, a quien sirvió durante su vida. Pero no quiere morir. Y esta negativa a la muerte es la única causa de esa estupidez presente y de esa vergonzosa impotencia que ahora caracteriza a todas sus empresas políticas, nacionales e internacionales.”

(Estatismo y Anarquía)

Completamente de acuerdo con Bakunin, según nuestra perspectiva pues, la destrucción del Estado no es un “elemento constitutivo del anarquismo” sino su estrategia; sus elementos constitutivos no están dados por su finalidad sino por sus orígenes y he aquí por qué el FAO nos presenta, de cabeza y no sobre sus pies, toda la situación.

La lucha contra la explotación burguesa y la destrucción de la explotación de Clases por medio de la Revolución Proletaria son elementos constitutivos del anarquismo revolucionario, pues no somos presos de los fantasmas del pasado y delimitamos lo que a nuestro parecer constituyen los elementos proletarios y revolucionarios de la doctrina anarquista. No negamos el debate y no defendemos al referente si no es por su referencia.

No nos hacemos cargo de la palabra “anarquismo” y de cada individuo que la haya esgrimido a lo largo de la historia humana, porque eso no lo acota necesariamente a la fase en la cual el anarquismo asumió la categoría de ideología anti-capitalista, completamente determinado y elevado a tal posición como resultado de la coyuntura histórica. De hecho, como sistema de ideas identificado con la lucha social, esta categoría realmente no la logra sino en la fragua de la lucha de la Clase Obrera contra el Capitalismo.[11]

Nos es difícil imaginar la convivencia de la teoría heliocéntrica formulada por Copérnico con la geocéntrica de Aristóteles sino fuera por la censura y la represión física y doctrinaria de la Iglesia y su Santa Inquisición. Contrastaremos nuestro ejemplo, incluso con Galileo Galilei, quien se opuso terminantemente a la teoría geocéntrica, apoyando y desarrollando –negando- la teoría Copernicana para terminar recluido en prisión perpetua por la autoridad de la Iglesia.

Cuesta también, pensar a un Newton que no debatiera y refutara con sus “leyes sobre la dinámica” las teorías físicas de Aristóteles sobre el movimiento.

Todos ellos fueron padres de la lucha de la ciencia por desembrozarse de la teología y la escolástica; en cada uno de sus aportes el desarrollo evidenciado en sus métodos filosóficos (conjunto de corrientes en las que apoyaron sus contribuciones) y técnico/científicos (desarrollo de las fuerzas productivas y las contradicciones sociales) fue determinante.

Con este mismo razonamiento nos cuesta horrores concebir al FAO cuando sostiene –condescendientemente- que:El esfuerzo no fue del todo en vano, algunas cosas buenas vinieron de los documentos de la UNIPA y como no razonamos en términos de “bien” y “mal”, no tiramos todo lo que la UNIPA produjo en estos últimos tiempos”

Todo lo cual, más allá de las declaraciones “amigables”, en ningún momento es puesto de relieve por el FAO en su documento…

A ver si nos ponemos de acuerdo. La única forma de determinar los matices es poniendo al debate en términos de bien o mal, de acertado o desacertado pues para los materialistas la verdad existe y no es cuestión de opinión sino de fundamento y comprobación; este odio por la contradicción los pone a los compañeros del FAO nuevamente en el terreno del eclecticismo cuando dicen –completamente a la defensiva ante la “presión” de la polémica- que para la UNIPA “los problemas se resumirían a la incomprensión teórica o a los traidores que, en sus cabezas, sabrían que ellos (la UNIPA) están en lo cierto pero sólo por malicia no darían el brazo a torcer”.

Equiparar incomprensión teórica y traición constituye una nueva simplificación idealista del tipo de referencia y referente. Por otro lado se impone aquí nuevamente el carácter mesiánico y auto-proclamatorio del FAO al renunciar al debate y oposición de líneas, denunciando a quienes no lo hacen, de la manera más burda –haciendo equiparaciones de la UNIPA y el trotskismo por “la forma de disputa política”, lo cuál no deja de tener un cierto gustito a ridiculez.

Más allá del carácter acusatorio de esta parte del texto aquí debatido, nosotros en ningún pasaje del texto de la UNIPA “contra el eclecticismo” encontramos la acusación a los compañeros del FAO de “traidores”, que al parecer sólo fue la interpretación infructuosa de las divagaciones teóricas y de un cierto recelo esquizofrénico de los últimos.

El “elemento irracional ideológico” es el que prepondera en las proposiciones del FAO y no en las de la UNIPA, pues el primero busca la unidad por la similitud y la segunda por el desarrollo de las diferencias… Así, el FAO se declara idealista y la UNIPA materialista, empuñando la dialéctica como herramienta.

Hegel y aun Bakunin defendieron la tesis que dice que la historia se desarrolla por su lado “malo” o negativo, o sea por el lado de la mutabilidad permanente y no por el conservador del ensalzamiento de lo similar, sino por la diferencia que es posterior a la similitud y la incluye, por lo que dinamiza la contradicción y sienta las bases para una síntesis superadora, para una negación. Esto es dialéctica y la dialéctica materialista es el método al cuál suscribimos los bakuninistas.

Revisión o Vigencia de la Revolución Social Proletaria

La relación esquemática que el FAO establece entre teoría e ideología lo lleva en otro pasaje del texto a denunciar furiosamente que “el bakunianismo, una falsificación histórica, tal como es inventado en la “pureza” rigurosamente no tiene historia, es una creación idealista y filosófica”. Esto debiera enojarnos sobremanera si entendiéramos cual es la finalidad y sentido de la acusación…

Es evidente que el bakunianismo por sí mismo no tiene historia al margen de quienes lo enarbolamos como bandera teórico/programática de la revolución. Será tal vez apática nuestra reacción a un comentario de tal “virulencia” porque no consideramos a la ideología como algo supra-histórico o con vida propia al margen de quienes la dinamizan con su militancia. Será tal vez porque no divorciamos la ideología de sus teorías componentes y su método o por que no consideramos, como el FAO, al bakunianismo como una corriente muerta que constituye un conjunto de “lecturas estancadas, traídas al presente más de 150 años después, totalmente fuera de contexto”.

Más adelante, sin embargo, los compañeros desarrollan esta línea señalando “el hecho de que la elaboración teórica hecha por Bakunin (o por cualquier otro autor clásico) también esta condicionada por una realidad, un momento histórico particular, -lo cuál- es totalmente despreciado (por la UNIPA)”.

Esta última cita del FAO es completamente cierta pero requiere un desarrollo al cuál los compañeros renuncian o nunca tuvieron en cuenta: el hecho de que las elaboraciones de Bakunin también corresponden a un momento histórico general (pues no hay particularidad sin generalidad) que es el demarcado por el surgimiento, desarrollo y bancarrota del sistema capitalista… Para considerar “muerto, estancado o totalmente fuera de contexto” al bakuninismo habría que considerar de la misma forma al período histórico que le dio razón de ser y esto implicaría –mucha atención- considerar tan muerto como el bakuninismo al capitalismo…

Lo que se oculta detrás de estas palabras a medias no es sino la renuncia a la lucha contra el capitalismo, pues se lo considera “autosuperado” y por ello mismo en bancarrota o “sin continuidad histórica” las críticas que le asestó Bakunin, al igual que sus aportes a la estrategia de la lucha obrera (que también estaría totalmente descontextualizada como Clase).

Al señalar la existencia de momentos históricos particulares pero negar o subordinar el enlazamiento progresivo y necesario entre éstos –su relación general- se renuncia a la dialéctica en su plenitud: sin embargo sería equívoco y zañoso denunciarlos por mala aplicación de la misma pues en realidad lo que hacen es desentenderse completamente de este método[12].

Ahora pues, a no encrespar los ánimos, que para esquivar toda posible acusación de malversación de contenidos citaremos un documento de la organización Solidaridad Internacional Libertaria (España, marzo/abril del 2001) del cual participa y en el que firma la FAG[13], organización miembro del FAO, para fundamentar y desarrollar esta revisión que hacen los compañeros de la vigencia del capital-imperialismo:

Globalización de la economía, libre comercio y gobierno mundial son los tres pilares que sujetan fuertemente el nuevo edificio de la denominada era o sociedad de la información. Globalización de la economía sustentada en una nueva organización y división internacional del trabajo, en el desarrollo y aplicación de las tecnologías de la información para deslocalizar, descentralizar y flexibilizar la producción a lo largo de todo el globo, constituyendo toda una telaraña de redes empresariales, interconectadas y relacionadas entre sí, al mismo tiempo que han fraccionado en mil pedazos a la clase trabajadora, hiperexplotando a las nuevas generaciones obreras: jóvenes, mujeres, inmigrantes, niños. No es una visión del pasado, del siglo XIX, sino el más realista de los presentes en el siglo XX.[14]

Con esta cita, podemos concluir fundamentadamente que el FAO considera la lucha anarquista y la revolucionaria en general bajo un nuevo “edificio” o “era” caracterizada por el dinamismo de la “información”… En otros términos, también podemos decir que suscriben a la escuela revisionista que caracteriza al presente sistema de explotación como Globalización, con lo que se pretende haber descubierto una auto-superación del Capital/Imperialismo y su transformación “¡por medio de la información!” (tomemos nota) en un sistema de nuevo tipo…

Esto nos permite, a su vez, hacernos de alguna idea sobre la distancia entre nuestras posturas y las suyas con respecto a la lejanía o caducidad de los “clásicos” y la necesidad de una reelaboración teórica que no se divorcie de la mística anarquista…

Los compañeros, pues, pretenden hilar una ideología resultado de otro período histórico con un conjunto de teorías que la revitalicen y reformulen de frente a uno pretendidamente nuevo. Esto constituye una declaración jurada de renuncia a la lucha contra el Capital/Imperialismo en función de la lucha contra la pretendida –y pretenciosa- “globalización”.

El fetiche de la ideología, a la cual pretenden rescatar ofuscadamente revisando todas sus teorías secundarias ante un nuevo período histórico, lo coloca al FAO en las filas del revisionismo eclecticista y nuevamente en la embarazosa y difícil situación de proyectar en la UNIPA el idealismo ideologicista propio, al señalar equívocamente que: La UNIPA partió en un viaje en busca de la ideología perdida. Así, de referencia teórica, Bakunin pasó a ser parámetro de doctrina, motivo para discernir `elegidos` y `malditos`. El ansia de resolver inmediatamente la cuestión teórica motivó a la UNIPA a bautizar su propia lectura y recortes de Bakunin de `bakuninismo`, haciéndolo como `ideología pura`, inmune a críticas, asumiendo también los errores del anarquista ruso.”

Pero ¿Quién considera “perdida” la ideología anarquista y pretende rescatarla, aún considerándola superada por la historia y la “globalización”? Siempre el FAO, no la UNIPA ¿Quién considera muertas y estancadas las lectura de los “clásicos” más allá de los aportes “inspiradores” que nos puedan ofrecer? Nuevamente el FAO y no la UNIPA. ¿Qué es la ideología “pura” según el FAO? Según nos dicen en la cita sería el establecimiento de referencias teóricas, de parámetros doctrinales y la búsqueda de resolver “la cuestión teórica” inmediatamente

Pero no nos apresuremos, para profundizar sobre nuestra perspectiva de lo que opina el FAO, primero negaremos que exista según nuestra concepción una “ideología pura”, que se presentaría por lo demás en contradicción flagrante con la existencia de teorías secundarias en su seno, las que la fundamentan y le dan a la primera su categoría como tal.

En esto justamente consta el revisionismo eclecticista: En la negación de las teorías secundarias pretendiendo rescatar su concomitancia como ideología, en pretender hacer borrón y cuenta nueva de las premisas para sostener una tesis (ideología) que según nos ha dicho la FAU histórica y el FAO, no tiene bases científicas, históricas o racionales…

Lo cierto es que si el FAO o sus organizaciones integrantes consideran superado el Capital/Imperialismo debieran considerarse globalofóbicos tal vez, pero no anarquistas y revolucionarios, pues renuncian a sus teorías básicas y con ellas a su ideología, pues hay una necesaria interdependencia orgánica entre la última y las primeras.

La “ideología pura” resulta para el FAO y el revisionismo eclecticista un fetiche al cuál se puede rendir culto con o sin fundamentos científicos o racionales y así se han montado y se sostienen como equilibristas en la cuerda, negando todas sus tesis o teorías secundarias pero sin abandonar sus conclusiones, su “razón trascendental”, su “ideología pura”.

¿Cómo han logrado tanto equilibrio… ¡tanto oficio!? Colocando en el terreno de la ideología la estrategia y en el de la teoría la táctica; asumiendo categorías social-utópicas como la de “ideología pura” que le achacan a la UNIPA o a los Bakunianistas la soberbia de haber descubierto pero de la que nunca hemos hablado ni nos hemos hecho cargo la UNIPA ni el resto de los Bakunianistas.

Volveremos a formular la pregunta, entonces: ¿Qué es la “ideología pura”? Es una categoría social-utópica universal más allá de lo científico (tal cual la ideología lo es para la FAU de Huerta Grande o el FAO) que pretende abarcar de un pantallazo toda la historia de la humanidad y su desarrollo (tal cual reivindican los compañeros del FAO o sus organizaciones integrantes al defender tozudamente al anarquismo, al mismo tiempo que sostienen la auto-superación del Capital/Imperialismo y su transformación en “Globalización”).

Si los Bakunianistas consideráramos al bakunianismo como un conjunto de “lecturas estancadas o muertas” evidentemente hubiéramos renunciado a él, como lo debiera hacer el FAO al considerar auto-superado al Capital/Imperialismo, pero evidentemente esa persistencia en presentarnos al anarquismo como una ensalada de autores y tendencias “supra-histórica” y sin definición les ha dado la cintura necesaria para ir de aquí a allá sin asumir una postura definida, elevándolo al grado de irracional e “inspirador moral”: dándole el título de “ideología pura”.

Tomemos, a modo de ejemplo ilustrativo, la siguiente cita de la Carta de Principios de la FAG: “Hay quienes reivindican el anarquismo como una filosofía de vida, estilo de comportamiento, corriente del pensamiento humano, práctica alternativa para la vida cotidiana, inspiración y formas artísticas y hasta una visión de espiritualidad. Todo eso también es anarquismo, con la debida noción de pluralidad que eso implica…”

Según lo citado, pues, no hay elaboración teórica que pueda contrastar o delimitar lo que es “anarquismo”, lo que termina convirtiéndose en una categoría abstracta, más allá de todo contraste (ratificación o rectificación) de características eclécticas.

Ahora bien, nosotros no consideramos estancadas las lecturas de los “clásicos” del anarquismo (aunque sí podemos considerarlos acertados o desacertados en sus apreciaciones) pues no consideramos auto-superado al capital/imperialismo ni lo concebimos en una nueva fase histórica, sí en un nuevo período si se quiere, pero éstas son dos cosas muy distintas.

¿En dónde se verifica la vitalidad del bakunianismo como tendencia revolucionaria? En la vigencia del Capital/Imperialismo y la necesidad de la Revolución Social Proletaria por supuesto y no en las aspiraciones bienhechoras que nos lega. Confundir una cosa y otra es confundir, como dijimos, materia con idea; sostener esa confusión posiciona la idea en un lugar imperecedero como base o fundamento de la materia, que resulta necesariamente relativa o perecedera. Esto los lleva a los compañeros a confundir ideología con estrategia y teoría con táctica, lo que intentan explicar por medio del rescate de Bakunin vivo por su “vida” y no por la referencia teórico/ideológica (¡programática!) que nos legó, al igual que lo hacen arbitrariamente con cualquier referente que más convenga a sus “teorías”.


[1] El grupo Libertad! es un caso aparte y no entra en esta clasificación, ya que por sus documentos históricos deben ser considerados idealistas de derecha. Aunque no es el objeto de este documento profundizar sobre esta caracterización una crítica a la tendencia del anarquismo que ellos representan es fundamental para la reconstrucción del mismo sobre bases clasistas y materialistas, es decir, un trabajo a la orden del día que no tardaremos en llevar a cabo y publicar.

[2] Varios ejemplos fundamentan esta apreciación: El FAO acusa a la UNIPA de llamarlos “traidores”, cuando un examen minucioso de cada palabra escrita por la última da por tierra con tal acusación estúpida. Anarkismo.net censura documentos de la Alianza Comunista Libertaria de México y del Comité por la Construcción de una Organización Revolucionaria Anarquista de Argentina. Más de una vez nos encontramos en documentos críticos a los nuestros con tergiversaciones falaces y malintencionadas de nuestras palabras, o con invitaciones al debate a las cuales los compañeros huyen despavoridos bajo pretexto que “no tienen qué debatir con marxistas ortodoxos disfrazados”, escondiendo su falta de solidez teórica.

[3] KANT, I., Crítica de la razón pura y Crítica de la razón práctica

[4] Tal vez para ser más claros al FAO podamos decirlo en términos Foucaultianos: Ellos reivindican al monumento (referente) y reelaboran acomodaticiamente sus documentos (referencia). Nosotros reivindicamos los documentos y con ellos al monumento.

[5] He aquí un cita del documento del FAO al que aquí replicamos, con respecto a los confederales en la Guerra Civil Española: “Tomando como ejemplo la actitud de los anarquistas frente al Estado en la Revolución Española 1936-39, podemos decir que los análisis, o falta de ellos, pues casi todo era basado solamente en una ideología y en su derivación directa de filosofía política, derrotaron cualquier posibilidad de dar respuestas más correctas a los problemas del poder enfrentados por los anarquistas. La ideología antiestatista de los anarquistas españoles, que aunque purista parecía una fuerte salvaguarda ideológica, se transformó en negligencia para pensar efectivamente la cuestión del Estado y del poder. Y a fin de cuentas, observamos que los más puristas, justamente los más apegados a la “ideología”, defendieron y asumieron puestos ministeriales en el Gobierno Republicano.”

Todo el problema se redujo, según se nos dice, al gobierno del análisis y la interpretación teórica, todo lo cual fue culpa de una sobreestimación del papel –irracional, según veremos- de la ideología. Así, se logra rescatar de un solo manotazo a la ideología en su conjunto, pues se torna tan relativa que es lo suficientemente maleable para librarse de cualquiera que pretenda agarrarla por el cogote, y a su vez nos libramos de “sacar los trapitos al sol” pues sería todo el corolario de un desentendimiento de la idea con ella misma, pues se resume a los problemas de la coyuntura y la teoría. No hay ninguna crítica seria al anarcosindicalismo –sus premisas, estrategias o tácticas- que nos brinde el FAO para aprender de sus errores, más allá de su “alerta” ante cualquier manifestación corpórea y “agarrable por el cogote” de la ideología. Este es un planteo típico del populismo del siglo XIX.

[6] Pensador griego de la corriente Eleata. Quienes lo han reivindicado como “precursor del anarquismo” por su critica del Estado o el Estatismo, han olvidado acotar también que fue un reaccionario de la filosofía y se consagró convirtiéndose en un defensor empedernido de la invalidez o inexistencia del “espacio”, el “movimiento” y el “transcurrir del tiempo”, también se opuso a la “pluralidad como estructura de lo real”. Todo lo que niega la lucha de Clases y la posibilidad de la Revolución; huelga decir que estas teorías han sido dilapidariamente refutadas por la historia de la sociedad, la filosofía y las ciencias.

La podredumbre del anarquismo abstracto que hoy criticamos encuentra sus raíces en autores como el citado.

[7] “Padre” de la sociología, en un período en que esta asume un carácter francamente reaccionario y conservador de lo dado (la explotación capitalista). Se destaca por su crítica del método “materialista histórico” y su fetichización de la “acción social” como fundamento regente de la sociología.

Su método “científico” se funda en la construcción de “tipos-ideales” según los cuáles se supone la “acción más correcta o racional” ante las distintas circunstancias de la historia social humana, de esta forma pretende distinguir en cada situación lo “irracional de lo racional”.

Para ser concisos y no dedicarle demasiado espacio, es el autor galardonado por considerar el “espíritu protestante” como partera histórica del sistema social capitalista… Toda una declaración sofística de guerra al Materialismo Histórico, como se ve. Tarde o temprano deberemos abordarlo con mayor profundidad.

[8] Ambas teorías fundan sus creencias en la creación del universo por los dioses, pero mientras que el deísmo considera que lo crearon para luego desentenderse de él, los deístas los consideran permanentemente implicados en sus pormenores. En ambos casos los dioses son trascendentes al universo.

[9] Es necesario tener en cuenta en esté punto la fuerte corriente “racionalista” que se inauguró entre los anarquistas en las postrimerías del Siglo XIX en Europa e hizo especial hincapié en España.

[10] Consideremos en este punto que mientras que el eclecticismo supone como elemento constitutivo del anarquismo revolucionario la existencia del Estado y la lucha en su contra (que bien puede rastrearse en las sublevaciones de los esclavos o los campesinos contra la opresión del invasor conquistador o el Estado monárquico, en innumerables períodos de la historia) los bakuninistas no hacemos fetiche de la superestructura y consideramos no sólo la “realidad política” sino también y principalmente la social. Eso los lleva a los eclécticos a una defensa parcial –desde una perspectiva negativa- de lo más podrido del marxismo, al reivindicar una revolución exclusivamente política –o, en su reflejo, contra la política: “apolítica”-.

Mientras que para nosotros las condiciones que dieron lugar a la lucha por la Revolución Social y al nacimiento del socialismo revolucionario fueron las que propiciaron el surgimiento de la Clase Obrera y sus luchas, dando por perspectiva del comunismo libertario el desarrollo de la industria y la concentración y multiplicación de la producción social. En pocas palabras, la Revolución se nos presenta como una necesidad histórica del desarrollo de los medios de producción y las luchas sociales que plantearon; Para el eclecticismo la dinámica de lo social esta plenamente regida y condicionada por los desarrollos de la superestructura y las Clases explotadoras. Nuestra Revolución es de los Obreros y Explotados, la suya carece de sujeto social protagónico –pues cualquiera que encare la lucha contra el Estado, incluso la burguesía liberal o neo-liberal cuando intenta coartar o disminuir sus funciones, se convierte en anti-estatista y contiene una dosis de “anarquismo”-.

La suya es una Revolución eminentemente política, que hace hincapié en la superestructura de los explotadores y la legitima al colocar en el terreno del sin-razón cualquier ideología (ubicándose en el terreno del agnosticismo tanto al respecto de los fundamentos de las luchas de los explotados, como también frente a la alquimia conservadora de los explotadores), la nuestra es una Revolución que tiene por finalidad lo social pero que además se considera como un resultado histórico necesario del desarrollo social (al cuál considera, en sus contradicciones y como respuesta de los explotados, como su elemento constitutivo).

[11] Son para destacar la importante cantidad de corrientes en el seno del “anarquismo abstracto” que han sentenciado para revitalizar su “muerte en vida”, de la mano de los renegados de la Revolución, la desaparición de la Clase Obrera… Esta, lamentablemente, no es una desviación exclusiva de los compañeros del FAO, sino que se ha expandido hasta la médula del anarquismo como un cáncer de huesos.

[12] Y aún peor, como hemos demostrado, se desentienden de cualquier método.

[13] Así como también lo hace la OSL de nuestro país (muy emparentada sino casada al eclecticismo). Sobre nuestras críticas con respecto a esta Organización volveremos en otro momento.

[14] He aquí una aproximación al “programa libertario para los días de hoy” del que hablan los compañeros del FAO. Esta línea encaja perfectamente en las teorías de los “globalistas” como Giddens –de derecha- o Deleauze –de izquierda-. Preparado el terreno por la sarta de argumentos irrelevantes acumulados por Foucault, se arribaría a una “auto-superación” del capitalismo por sí mismo. Argumentos como el panoptismo (sociedad disciplinaria y de control) llevados al extremo de “regidoras de la nueva vida social” o el carácter “incorpóreo” y “no invasor” de las nuevas guerras Imperialistas han recibido fuertes bofetadas por la realidad de la nueva escalada guerrerista inter-imperialista y el ascenso mundial en la lucha de Clases. Estas tendencias intentan dar una perspectiva “de izquierda” a la parafernalia capitalista de la “aldea global” y la inexistencia de la lucha de Clases…


Centro de Estudios Miguel Bakunin

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